Lucha de Clases, Guerra de Independencia y La Comuna de París de 1871 PDF Imprimir E-mail
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COMUNAS - Conocimiento
Escrito por Frenzel Hernández   
Domingo, 29 de Marzo de 2015 21:00

Tal como afirmaran los filósofos y científicos sociales alemanes Marx y Engels en el Manifiesto Comunista:

“La historia de toda sociedad hasta nuestros días no ha sido sino la historia de las luchas de clases.  Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, nobles y siervos, maestros jurados y compañeros; en una palabra, opresores y oprimidos, en lucha constante, mantuvieron una guerra ininterrumpida, ya abierta, ya disimulada; una guerra que termina siempre, bien por una transformación revolucionaria de la sociedad, bien por la destrucción de las dos clases antagónicas”.

 

No es casualidad que los obreros de París frente a la derrota del imperio francés en 1871 y sitiados por las tropas prusianas, proclamaran la República.Ya en febrero de 1848, y apenas pocas semanas antes de estallar la revolución, se había publicado el Manifiesto Comunista, programa teórico y práctico de lucha encargado por la clandestina Liga Comunista a Karl Marx y Friedrich Engels. Y para Junio de ese año, aparecía en su versión francesa, anunciando la insurrección del pueblo parisino que exigía la instauración de la república 22 años antes de la comuna.

Europa inspirada por las ideas socialistas que convocaban a cambiar las estructuras gobernantes inicia un proceso revolucionario en plena mitad del siglo XIX: Francia, Alemania, Inglaterra, Austria, Hungría, Irlanda, Rumania y España, entre otros países, serán escenarios de grandes batallas por construir una sociedad diferente.

Es común encontrar argumentos que señalan la influencia del pensamiento revolucionario burgués de finales del siglo XVIII en el proceso independentista de Iberoamérica. Montesquieu y Rousseau son dos de los teóricos más conocidos que inspiraron la gran Revolución Francesa, cuando cayeron reyes y se desmoronaron tronos, surgiendo nuevos Estados, y el “viejo régimen”, el orden feudal, cedió lugar a las relaciones sociales burguesas.

Bolívar se refirió muchas veces a las ideas de Montesquieu, para la ratificación de su idea que las instituciones de los nacientes Estados suramericanos deberían fundarse en la historia, las tradiciones y las costumbres de los pueblos de nuestros países.

Sin embargo, se ha hablado muy poco del papel relevante que jugaron los iluministas latinoamericanos en la preparación de la guerra de independencia de las colonias hispanoamericanas. Hombres de la talla del ecuatoriano Eugenio Espejo, del colombiano Antonio Nariño, de los peruanos Hipólito Unanúe y Juan Pablo Vizcardo y Guzmán. Así como, los pensadores iluministas venezolanos Simón Rodríguez y Andrés Bello que acompañaron y participaron de forma directa en la formación de las ideas revolucionarias del Libertador Simón Bolívar.

Las grandes Ideas del iluminismo ejercieron influencia en la actividad transformadora de los cuadros dirigentes durante la lucha por la liberación de América. No obstante, ellas no podían convertirse de forma absoluta en el factor ideológico determinante de su acción. Tal como afirmara, Karl Marx años después; “el ser social determina la conciencia social”; La acción liberadora a través de la guerra habrán de forzar al razonamiento con nuevas categorías revolucionarias, de la revolución liberadora surgirán las ideas radicales que la guiarán por caminos desconocidos, que el pensamiento “ilustrado” no podía imaginar.

De allí nuestra mirada sobre la influencia revolucionaria recíproca nos permite suponer que las ideas libertarias producidas por las luchas de independencia de las colonias de la América y El Caribe alimentaron el nuevo pensamiento revolucionario europeo y viceversa. Incluso las nuevas ideas del mundo y la extensa producción teórica revolucionaria en lengua suramericana surgida del proceso independentista alimentarán ideológicamente la revolución social a la cabeza de Ezequiel Zamora décadas después, cuyos legados sociales impulsarán una nueva guerra, ahora de lucha de clases, para alcanzar las inconclusas transformaciones sociales que inspiraron el pensamiento bolivariano independentista, puesto en práctica en la revolución de los pobres que hiciera el General del pueblo soberano.

Este período revolucionario de Europa, los procesos revolucionarios de liberación en las colonias de América y sus posteriores procesos de fundación de Repúblicas, sin precedentes, así como, la celebración de la Primera Internacional de los Trabajadores en 1864, fundada en Londres Inglaterra, con objetivos claramente revolucionarios: la organización política del proletariado, servir de espacio para debatir y examinar la problemática común de los trabajadores industriales y proponer líneas de acción para combatir el modelo capitalista; serán trascendentales para las transformaciones futuras debido a que revelan las posibilidades de concretar un programa político de gobierno dirigido por la clase trabajadora y orientado a ésta de manera consciente, serán el preámbulo de la comuna de París de 1871.

Por ello, en la aurora del naciente año de 1871, el pueblo francés acudirá al llamado histórico, sumándose masivamente a la construcción de una nueva forma de poder en el Hotel De Ville, donde funcionara la asamblea gubernamental del emperador Luis Bonaparte, el último de la dinastía. Representantes de la burguesía como Adolphe Thiers, también llegarán con sus credenciales y experiencias como diputados bonapartistas para embaucar a la clase trabajadora y asumir la dirección del nuevo gobierno de emergencia nacional.

Con Thiers a la cabeza del nuevo gobierno de París y el “Canciller de Hierro” Otto von Bismarck, se intentará aplicarar el tratado de paz, que arrebatara las provincias de Alsacia y Lorena, ricas en carbón y hierro e impondrá el pago de guerra a Francia.  Evidenciándo la representación de los intereses de la burguesía.

Es así como, la revolución surgida desde lo más profundo del pueblo francés, heredera de las luchas contra la dominación burguesa, acariciada por vientos socialistas, comunistas y anarquistas desconoce el acuerdo de paz entre las élites burguesas de Prusia y Francia e instaura una nueva asamblea conformada por obreros, campesinos, artesanos, pequeños comerciantes, lavanderas, estudiantes, amas de casa y tenderos, sublevándose contra el gobierno lacayo de Adolphe Thiers, llama a desmovilizarse de la guerra imperialista al pueblo parisiense y declara el 18 de marzo, la ciudad de París libre, independiente y dueña de sí misma, instalando el primer gobierno proletario, La Comuna de París de 1871.

Lucha de Clases, Guerra de Independencia y La Comuna de París de 1871
 
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