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COMUNAS - Organización
Escrito por JM. Rodríguez   
Jueves, 21 de Abril de 2016 09:16

Decía Nietzsche en su ensayo “Sobre verdad y mentira…”,
 que lo que hacemos permanentemente es inventar irrealidades hasta hacerlas creíbles, logrando que nuestra fe las transforme en realidades.

Recientemente la revista científica “Plos One” publicó que un grupo de investigadores determinaron que los creyentes tienden a suprimir el área analítica de su cerebro para facilitarle espacio a la fe. Y no es sólo la religiosa.

 

Un viejo dogma marxista insiste en repetir que no es posible alcanzar el socialismo sin un previo desarrollo de las fuerzas productivas burguesas. Algunos creen en serio que de ahí deriva la dificultad del proceso venezolano para avanzar hacía esos horizontes, otros, más aviesos, lo usan para justificar sus reformismos.

Suponen que podrán lograr que esta burguesía deje de ser parasitaria tornándose en productiva. De seguro se apoyan a aquella afirmación gramsciana que señala que la economía es un asunto de la sociedad; solo que esos reformadores entiende por sociedad lo mismo que la revista “Hola”.

Como no tengo dudas que Gramsci llamaba sociedad a todos los ciudadanos de un país, comparto totalmente su tesis sobre que la economía es un asunto de la sociedad y no del Estado. Siendo así, no es más cuesta arriba poner a las comunas a producir, que pretender convertir en productiva a la parasitaria y bandolera burguesía venezolana.

En todo caso, es Marx quien afirma, que el socialismo se construye desarrollando una nueva forma de producción que convierta a las mercancías en valor de uso y no de cambio. En el nuevo mercado que se edifique, la burguesía puede actuar, compitiendo con los precios de la producción comunal. La hegemonía económica la tendrá quien controle más medios de producción.

Esto no ocurrirá si no hacemos dos cosas, la primera: que el Estado dedique sus mayores esfuerzos a impulsar la producción comunal transfiriéndole los medios de producción necesarios. La segunda es mucho más difícil: hacer lo que está previsto y no venir con “se me ocurrió una vaina”, que es otra de las características del modo de ser venezolano.

La inconstancia imprecisa
 
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